top of page
Tu respuesta: Opción C
Nunca hubo un momento claro donde alguien dijera: esto va o no va.
La incertidumbre no los paralizó. Los dejó en un limbo donde nadie decidió.
Este patrón es el más silencioso de los tres — y el más costoso. La iniciativa no muere en una junta donde alguien dijo que no. Muere lentamente en el espacio entre reuniones, sin que nadie tome responsabilidad de la dirección.
En organizaciones con muchos niveles de aprobación, el limbo es el estado por defecto. Nadie frena formalmente porque nadie quiere ser el que detuvo la innovación. Y nadie avanza formalmente porque nadie quiere comprometerse con algo incierto. El resultado es una iniciativa que sigue existiendo en el papel — y no avanza en la realidad.
Lo que esto revela
El problema no es tolerancia a la incertidumbre — es claridad sobre quién decide. En ausencia de esa claridad, la incertidumbre no se resuelve: se distribuye entre todos hasta que se disuelve sola. La pregunta más útil no es "¿cómo avanzamos?" sino "¿quién tiene la autoridad y la responsabilidad de decir que esto va — o que no va?"
Ejercicio para esta semana
Toma esa iniciativa que está en el limbo. Escribe en una línea: ¿quién es la persona que puede decir que esto va, con nombre y apellido? Si no puedes responderlo, esa es la primera conversación que hay que tener — antes de cualquier análisis adicional o cualquier siguiente paso de ejecución.
bottom of page









